Todo empezó en la casa de la abuelita de Ricardo, en Venecia. Allá llegamos hacia las 8:15p.m., y fuimos los primeros, a pesar de que Javier llegó un poquitín tarde al sitio donde quedamos de encontrarnos... Tuvimos que esperar un rato mientras Ricardo instalaba el equipo de sonido en el salón donde se realizaría la celebración (el comentario de Pachita para este lugar fue: "mi apartamento es más pequeño que esto..."). Vale la pena aclarar que el salón queda en el cuarto piso de la casa de la abuelita, así que ya se imaginarán lo grande que es... Ya cuando pudimos instalarnos allí, le entregamos a Ricardo nuestro regalo:

Nos ubicamos a un costado de la mesa, como guardianes del ponqué, e iniciamos la ronda de fotos:





Claro, a esas alturas ya todos habíamos empezado con la polita, bueno, casi todos, porque Tanya no quería (aunque ella estaba justo al lado de la mesa, donde estaban las cervezas):




Mientras Ricardo oficiaba su labor como diskjockey encargado:

Un poco más tarde, casi todos teníamos hambrecita, y nos repartieron el plato de la noche: arroz con pollo! (que estaba muuuy rico). Tuve que recordarle a Ricardo que Tanya no comía arroz con pollo, así que le prepararon un plato especial con sólo arroz y verduras, y ella se lo comió muy juiciosita:

Una vez terminada la comida, venía la parte más esperada de la noche: el ponqué! Sin embargo, antes había que esperar a que toda la familia se hiciera presente en el salón para tomar las respectivas fotos... Mientras esperábamos, detallamos la leyenda del ponqué:

y Alex siguió con su labor de fotógrafo encargado:


Todo estaba preparado, sólo faltaba que Ricardo se ubicara detrás del ponqué (inicialmente, brindó con un tetero, y luego si se apropió de su polita):


Y, ahora sí, empezó la sesión de fotos de Ricardo con su familia: papás, hermanos, abuelita, tías, tíos, el montón de primos y primas, los amigos y mucha gente más que no recuerdo:


















El ponqué estaba muuy rico, y como Ricardo no tenía mucha hambre (quizás por la emoción de la jornada), nos repartimos entre todos el pedacito que nos dejó. Una vez comidos, empezó la bailata y la gozata (menos mal, porque ya nos estaba dando frío de estar ahí sentados...)


Todos bailamos, a excepción de Javier (por obvias razones, jijiji), y Ricardo ya se veía bastante contento. La noche avanzaba y se notaba que las tías tenían muchas ganas de emborrachar a Ricardo, porque le empezaron a dar aguardiente.

Sin embargo, Ricardo puso más cara de ponqué, porque su novia pudo llegar a la celebración, y de paso todos la pudieron conocer en persona:


Ya como a la 1a.m., Javier y Tanya estaban un poco aburridos y con sueño, y decidieron irse. Nosotros nos quedamos, bailando y tomando más fotos:


Más entrada la noche (bueno, ya en ese punto la madrugada) ya se había ido más gente y sólo quedaban los que, a opinión de Ricardo "toman en forma". Así que, para amenizar el ambiente, empezaron las canciones de despecho y de plancha (cabe ese término aquí?), y todos tomaron y cantaron a voz en grito:



A esa hora de la madrugada, el trasnocho y el trago ya empezaban a hacer sus efectos en nosotros, para la muestra un botón:

Sin embargo, Ricardo estaba feliz, tanto que empezó con su tercer tipo de trago de la noche, una botella de ron (y que no se diga que ya estaba borracho, sólo prendidito, jijiji) Alex también se animó a tomarse un roncito:



La tanda de música "para emborracharse" no duró mucho, y luego empezó otra vez la música bailable. La salsa estuvo a la orden del día (o de la noche?), y a Ricardo no se le acababan las pilas...


La música cambió un poco, y tuvimos que aguantarnos el género de moda: regguetón. Salimos a bailar un poco, y Alex probó su pulso tomándonos una foto a los tres (esta vez sí quedó muy bien)


Seguimos bailando, bailando y bailando, y ya como a las 4:30a.m. estábamos somnolientos... Alex intentó tomarnos una foto para demostrar el cansancio y el sueño que teníamos, y creo que el resultado lo demuestra perfectamente (nótese la ligera inclinación y la falta de enfoque del fotógrafo)


Y ya como a las 5a.m. del domingo, decidimos partir, no sin antes comprobar que Ricardo se la estaba gozando completamente, y todavía tenía muuucha energía (tanta, que siguió derecho y no durmió sino hasta la noche del domingo)




Realmente, la pasamos muy bien en esta fiesta, bailamos mucho y nos divertimos como hacía mucho tiempo no lo hacíamos. Ojalá ocasiones como estas se repitan (más bien prontico, porque si nos esperamos hasta que nos graduemos de la maestría...)
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